Justo antes de cruzar el arco del control del aeropuerto dejé el iPad en la típica caja genérica de plástico, pero hasta entonces no me había dado cuenta de que lo estaba llevando encima todo el rato, como si fuera un comercial intentando vender desde un catálogo. Además seguí con él durante el vuelo. Y caí en que, efectivamente, tengo la manía de llevarlo a todos lados.