La historia tuvo lugar hace pocos días. Un ciudadano estadounidense logró llegar hasta una de las islas más misteriosas del planeta con una idea muy clara. Si había llegado hasta donde casi ningún ser humano, debía llegar llevar algún tipo de ofrenda a la tribu que guarda con celo su existencia. Así, cargado con una GoPro, se adentró en el territorio inhóspito y restringido a todo ser humano durante cinco minutos.