En el ocaso de la edad de oro de los salones recreativos la felicidad de toda una generación de jóvenes enamorados de los videojuegos era tener una consola conectada a la tele, una copia del último
FIFA (por ejemplo) y dos mandos para picarte con tu hermano o tus amigos a continuación de clase. Y ojo, que si ya tenías un
Multitap podías organizar partidas de hasta ocho, incluso cuando la pantalla era ridícula. Lo de jugar online en sobremesas no se echaba en falta, pero además te admito que en según que juego tener la pantalla dividida era una faena. Es más, en Sony lo tuvieron en cuenta cuando hicieron la primera
PlayStation.
La primera videoconsola de Sony para sobremesas tenía un puerto especial en la parte trasera que no era ni para conectarla a la corriente ni tampoco al televisor, sino para intercambiar datos con otra
PlayStation a través del
PlayStation Link Cable (llamado Cable de conexión en España), lo cual habilitaba una experiencia multijugador compartida, pero desde consolas separadas. La idea, era la misma que Nintendo empleaba con las
Game Boy o SEGA con las Game Gear, pero la experiencia de juego estaba a otro nivel: podías jugar a Destruction Derby o los DOOM clásicos en televisores separados. Y era una pasada.
Aquello tenía sus ventajas, que conste.