Es comprensible que, más de treinta años a continuación de su estreno, nos sepamos casi al pie de la letra los diálogos, las escenas y los puntos de inflexión de ese clásico de culto del cine de aventuras y ciencia ficción moderno que es 'Parque jurásico' ('Jurassic Park', 1993). Dirigida por
Steven Spielberg, la odisea del Dr. Alan
Grant y compañía continúa siendo tan fresca como el primer día y parece no haber envejecido un sólo minuto, pero el haberla visto hasta la saciedad no impide que continúe sorprendiéndonos por los motivos más diversos.
La adaptación a la gran pantalla de la famosa novela de Michael Crichton esconde auto-homenajes como la aparición de un plano de 'Tiburón' ('Jaws', el odioso personaje interpretado por Wayne Knight de hecho, Spielberg ha dicho que 'Parque Jurásico' es una secuela de ese otro clásico e incluso algún "gazapo" que demuestran que una buena puesta en escena y una gran narrativa pueden enmascarar casi cualquier fallo en pantalla.
Pero lo que os traemos hoy, más que un error al uso, podría considerarse una anécdota que ha pasado inadvertida para muchos fans de la saga jurásica y que ha terminado convirtiéndose en otro easter-egg que mirar con una sonrisa cómplice en los labios. Para ello, tenemos que trasladarnos a una de las escenas más memorables de el filme, en la que, durante un ataque del T-Rex, podemos ver un plano detalle de sus imponentes fauces.