A lo largo de los últimos años, estamos siendo testigos de una carrera frenética entre las dos más importantes potencias mundiales por liderar el desarrollo y la implementación de la
inteligencia artificial.
Por un lado, las grandes compañías tecnológicas norteamericanas han apostado decididamente por la inversión masiva y absolutamente desenfrenada en centros de datos dedicados al desarrollo y entrenamiento de la
inteligencia artificial. Mientras, y reevaluando muchas de sus inversiones en este ámbito. Esta divergencia plantea interrogantes fundamentales sobre las estrategias de ambos países, sus implicaciones y las lecciones que podríamos extraer en el contexto de la emergencia climática global. Sabe algo China que los Estados Unidos no saben?
Estados Unidos ha lanzado iniciativas de inversión sin precedentes en infraestructura de
inteligencia artificial. Un ejemplo destacado es el Proyecto Stargate, anunciado con mucho bombo por Donald Trump el pasado enero, que prevé una inversión de 500,000 millones de dólares en los próximos cuatro años para construir nueva infraestructura de
inteligencia artificial en territorio norteamericano. El proyecto, pretende tener como objetivo consolidar el liderazgo estadounidense en
inteligencia artificial, generar supuestamente cientos de miles de empleos, y proporcionar beneficios económicos significativos a nivel global.