La inteligencia artificial está transformando el mundo laboral y empresarial a una velocidad nunca antes vista. Sin embargo, este avance tecnológico además plantea un reto importante: medir el impacto real de la IA en la
productividad. Las métricas tradicionales no capturan correctamente el aporte de la IA ya que solo se centran en factores concretos del proceso, no en lo que los economistas denominan
productividad total de los factores.
Dicho de otro modo, no basta con que solo mejore un determinado eslabón en la cadena de producción, sino que la mejora debe darse en todo el proceso, obteniendo un mayor valor de todos los recursos utilizados en él. Por ello, una de las asignaturas pendientes será desarrollar herramientas adecuadas para medir la
productividad que aporta la IA en esos nuevos parámetros.
La IA solo es una herramienta. La automatización impulsada por la IA ya ha comenzado a marcar diferencias en sectores como el financiero, el tecnológico y el manufacturero. Estas herramientas de IA permiten automatizar tareas repetitivas y liberar tiempo para actividades que requieren habilidades humanas como la toma de decisiones estratégicas. Sin embargo, ese cambio del uso del tiempo no se refleja en la
productividad porque no se registra la calidad del trabajo o la mejora a largo plazo de la estrategia de la empresa.